El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, declaró ayer un estado de emergencia en todo el país durante tres meses, mientras su gobierno continuó con la masiva purga de funcionarios, militares y empleados privados y las detenciones de presuntos golpistas, días después de la fallida intentona armada que intentó destituirlo y que dejó 290 muertos y cientos de heridos. “Esta medida no es en absoluto contra la democracia, el estado de derecho y la libertad. Por el contrario, tiene el propósito de fortalecer y proteger esos valores”, aseguró Erdogan en un esperado mensaje a la nación, tras reunirse con el Consejo Nacional de Seguridad y con su gabinete.
Entre algunas de las prerrogativas del gobierno con el estado de emergencia se destacan el toque de queda, las detenciones arbitrarias, el despliegue de militares en ropa de fajina por las calles, la limitación del derecho de reunión y la prohibición de libros y otras expresiones artísticas. Antes de su discurso, Erdogan declaró a la prensa que “éste puede no ser el fin de los intentos de golpes, pueden tener más planes”, en referencia a los seguidores de quien él considera el cerebro de la asonada, el clérigo conservador autoexiliado en EE UU, Fetulá Gülen
Además, Erdogan ratificó que podría restaurar la pena de muerte para los golpistas en los próximos días. “¿Estaríamos dispuestos a sacrificar la membresía de la Unión Europea? Si el Parlamento toma esa decisión, yo la promulgaré”, aseguró Erdogan, cuyo partido tiene mayoría absoluta , luego de que varios dirigentes europeos advirtieran que no aceptarán dentro del bloque a un país donde rige la pena capital.
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